Monday, September 25, 2006

Cuando la Credibilidad…

Un elemento fundamental en las relaciones humanas es la confianza en el prójimo, llámese este amigo, esposo(a), pariente, etc. La base de la confianza está en la credibilidad que uno tenga en la otra persona y la credibilidad más que en las palabras se sustenta en los hechos. Por ejemplo si un amigo A le pide al amigo B que le preste un determinado objeto, el amigo B le va a prestar el objeto en función de los antecendentes que tenga A con respecto a prestamos pasados que haya realizado éste. En otras palabras si B sabe que A devuelve lo que se le presta, B cree en A y no tiene ningún problema en prestarle.

En otras palabras el préstamo (según el ejemplo) funciona si existe credibilidad y de esa manera se genera una dinámica que permite desarrollar actividades de toda índole. Suponga que el individuo A requiere el préstamo para hacer alguna compra importante, la credibilidad facilita la transacción.

En economía pasa mas o menos lo mismo, cuando el gobierno quiere implementar una política determinada, no es la política per-se la que va a generar la dinámica correcta, sino la actitud que tengan los agentes con respecto a esa política. A veces se nos olvida a los individuos que la economía no la hace solamente el gobierno o los empresarios, sino toda la sociedad en su conjunto, por lo tanto el éxito o no de una determinada política depende de la reacción que tenga toda la sociedad.

Por lo tanto la credibilidad en el Gobierno es fundamental para el éxito de las políticas que quiera implementar, pero la credibilidad es frágil y mas aún cuando se dice que se va a hacer algo y luego se hace otra cosa. De hecho este es un problema ampliamente estudiado y que se conoce con el nombre de Inconsistencia Temporal. Finn Kydland y Ed. Prescott ganaron el premio Nobel en economía el año 2004, precisamente porque demostraron que cuando los policymakers no son capaces de comprometerse anteladamente con respecto a una regla de decisión, ellos no van a poder implementar en el futuro la política más deseable.

Estoy seguro que si Kydland y Prescott quisieran ejemplificar este problema una vez más, encontrarían en Bolivia uno de los mejores ejemplos. La crisis de credibilidad ha llegado a niveles tan elevados, que cualquier cosa que diga el Gobierno es motivo de duda y especulación y lo mismo con respecto a la oposición. El famoso debate de los 2/3 y la mayoría absoluta no es más que eso. Ni unos ni otros creen que existan buenas intenciones por detrás. Unos pensando que quieren empantanar la Constituyente y otros pensando que se quiere imponer un régimen totalitario a toda costa.

Lastimosamente los costos para la sociedad de una perdida de credibilidad son enormes, pues se hace imposible implementar políticas y hacer cambios fundamentales. A esto se asocia un estancamiento económico, que como el agua cuando se estanca, comienza a podrirse.

En cuestiones sociales, esto es como en el matrimonio, cuando la credibilidad se pierde, el matrimonio se rompe y dependiendo de los preceptos morales y educación que tengan las partes, el rompimiento puede ser amigable o puede ser totalmente hostil y violento. Esperemos que primero no sea tarde para recuperar la credibilidad, pues no vaya a ser que el desenlace sea muy doloroso.

1 comment:

Anonymous said...

Thanks :)
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